La vida es fuente de aprendizaje, es nuestra escuela, es nuestra oportunidad de evolución, oportunidad dada por años y años por medio de la reencarnación. En cada vida llevamos a cabo una misión que nos es encomendada.
Para poder cumplir nuestra misión en el plano físico, en la Tierra, se ha cubierto nuestro Yo Real, por 4 vestimentas, 4 cuerpos los cuales cumplen diferentes funciones, y nuestra tarea será armonizar dichas funciones para lograr la unificación con nuestro Yo Real.
El Cuerpo Físico: Es el más denso de los cuatro, es el que tiene a su cargo el Actuar, a través de él, hacemos lo que sentimos y pensamos. Fue creado para que podamos expresar en este plano todo lo que tenemos como poder.
El Cuerpo Etérico: Es el que da y distribuye vitalidad en el cuerpo físico, posee puntos energéticos y generadores de energía que son emisores y receptores.
El Cuerpo Emocional: Fue creado para expresar en este plano todo el caudal de amor que posee nuestro Yo Real. No está capacitado para amar, expresa por sí sólo sensaciones.
El Cuerpo Mental: Fue creado para expresar en este plano toda la sabiduría que posee nuestro Yo Real. Se acumulan en él conocimientos, cultura, es decir, un conjunto de datos pero nunca sabiduría.
Estos cuerpos tienen funciones diferentes, frecuencias diferentes y se comunican con planos diferentes del planeta, por lo tanto, la armonización de todos ellos nos resulta muy difícil. Por lo general actuamos dándole prioridad a ciertos sentimientos o pensamientos sin lograr un justo equilibrio. Cuando aprendemos a utilizar estas vestimentas como lo que son: vehículos inferiores, entonces actuamos, sentimos y pensamos armoniosamente.
Cuando vivimos en desequilibrio resulta que empezamos a generar sentimientos y emociones negativas sin detenernos a pensar y a meditar realmente sobre ello.
Actuamos dirigidos por la razón sin seguir lo que nuestro corazón nos dicta.
Sentimos que tenemos que hacer algo, pensamos que lo tenemos que hacer, pero no lo podemos realizar.
Entonces cada cuerpo actúa de manera independiente, cuando la finalidad es que actúen juntos. Esto nos da como resultado acciones de este tipo:
Cuando le damos prioridad al plano emocional, puedo enojarme impulsivamente, razono las cosas después, quedándome un sentimiento de culpabilidad por el hecho cometido, esto termina reflejándose en nuestro cuerpo con algún malestar estomacal, inflamación en el hígado o dolor de cabeza.
Cuando le damos prioridad al cuerpo mental, entonces nos acostumbramos a hacer juicios y conjeturas anticipadas, suponiendo hechos que en realidad no existen, esto provoca que surjan emociones tales como enojo, tristeza, etc. Esto se reflejará en nuestro cuerpo con dolor de cabeza, agotamiento o molestias en la garganta o nuestro aparato respiratorio.
De igual manera cuando presionamos de más a nuestro cuerpo por tensiones, o cargas adicionales en el plano emocional o mental. También nuestro cuerpo reclamará enfermándose.
En estos casos, siempre dejaremos “al aire” algún plano, dejándolo olvidado total o parcialmente.
Recien hoy descubri esta pagina y me resulto de lo mas interesante a nivel espiritual. Lastima que no
puedo suscribirme poque me rechazan el correo Lo felicito sigan haciendo el bien
Me parecen muy interesantes estos planteamientos, quiero leer todos los capítulos relacionados que han publicado y obtener el mayor beneficio posible de ello.
Gracias por compartir su conocimiento.
hola harumi
como dejo de usar siempre el plano emocional? me arrastra ¡¡¡¡¡¡¡ en todos los sentidos y obviamente se esta reflejando en mi salud
me interesa